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"La liebre es de quien la levanta y el conejo de quien lo mata."

Lúa Ediciones junto con Alonso Sánchez Gascón y la Real Federación Española de Caza editan este Diccionario de la Montería y de la Caza Menuda, una ambiciosa obra en 5 volúmenes que contiene más de 5000 palabras, términos, expresiones y dichos cinegéticos.

Blog de Alonso Sánchez Gascón

CAZA, ÉTICA E HIPOCRESÍA

TABLÓN DE AVISOS:

  1. Este trabajillo va destinado a provocar a los cazadores éticos.
  2. Con estos rasguños no pretendo enfadar a nadie. Bueno, y si alguien se enfada, ya se le pasará.
  3. Compadecedme porque si no soy un cazador ético como vosotros es porque soy un cazador maleta, chambón y marrillero.
  4. Ya sé que no, pero me gustaría que los cazadores que lean las letras que aquí he juntado reflexionen sin prejuicios sobre la ética venatoria.
  5. Y, sí, también sé que todos vosotros sois cazadores éticos, faltaría más, así que nada de lo que aquí leáis va con vosotros. O sí.

 

LAPIDARIO

  • La caza es el único caso normal  en que matar a una criatura constituye la delicia de otra, esto lleva ya al último  paroxismo de las dificultades de su ética. La ética de la muerte es la más difícil de todas, por ser la muerte el hecho menos inteligible con que el hombre tropieza.  ¿Se va viendo por qué es imposible entrar aquí de lleno en la ética de la caza? (ORTEGA Y GASSET).
  • Si es ético matar, ¿Qué diferencia hay entre matar volando o matar parado? (A. SÁNCHEZ GASCÓN).
  • Decimos que la ética es buena, sí, pero ¿para quién? Para la pieza o para el cazador (A. SÁNCHEZ GASCÓN).
  • La ética de los cazadores tiene la flexibilidad de la goma elástica (E. PÉREZ ESCRICH).
  • Me parece tan ridículo como hipócrita condolerse de una pieza que muere apeonando y gozarse en matar una perdiz al vuelo (E. PÉREZ ESCRICH).
  • Quede sentado, pues, que el sentimentalismo, tratándose de los cazadores, es un contrasentido, una falta de lógica (E. PÉREZ ESCRICH).
  • Tratándose de cazar, engañar a las perdices del campo por medio de la gula (cebaderos) o por medio del amor (reclamo) todo es engañarlas (E. PÉREZ ESCRICH).
  • La impunidad es la madre de la caza: el hombre saber positivamente que aunque yerre el tiro, aunque solo produzca un fogonazo su escopeta, no corre peligro de que la caza se revele contra él. Conociendo, por consiguiente, su superioridad, la pasea muy ufano y tranquilo por los montes, los barrancos y setos, seguro de que no ha de encontrar ni un ave ni un mamífero que le detenga el paso” (E. PÉREZ ESCRICH).
  • Pero la afición nos domina, y es preciso cazar usando todos los recursos que el genio de la destrucción inspira al hombre para burlarse de las condiciones con que la naturaleza ha dado a los animales silvestres (E. PÉREZ ESCRICH).
  • - ¿Crees que sería distinto cazar por dinero?
    - No para los animales (KAREN BLIXEN, Memorias de África).
  • “Todos ven los que pareces, pocos palpan los que eres” (MAQUIAVELO, El príncipe). Así que, “mutatis mutandi”: Cazador, todos ven lo que pareces, pero pocos palpan lo que haces.
  • La mitad del año, con arte y engaño; la otra parte, con engaño y arte.
  • Dime cómo cazas y te hablaré de tus mañas.
  • Para la caza más valen tretas que letras.

 

I.- LA CAZA

A los efectos de este trabajo, aquí interesa la caza como acción de cazar, como el conjunto de actos que el cazador ejecuta con la intención de conseguir capturar, viva o muerta, una pieza de caza. En este sentido, la caza comprende tanto la acción propiamente dicha, como la apropiación material de la pieza, si es que lo consigue. Acción para capturar, eso es la caza.

Si la acción es necesaria e imprescindible, la captura una posibilidad.

 

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DERECHO A CAZAR

Parece que el asunto, para algunos, no está nada claro. ¿Por el mero hecho de estar en posesión de una licencia de caza la Administración pública, el Gobierno, quien sea, debe facilitar a su poseedor un lugar en el que cazar? ¿Qué derechos, en fin, tiene el titular de una licencia de caza?

El derecho y su ejercicio.

Una cosa es tener un derecho (derecho a algo), otra poder ejercitar ese derecho y otra, finalmente, quién garantiza tanto el derecho como su ejercicio práctico. Esto es, una cosa es tener –solo tener, poseer- el derecho a cazar, y otra distinta cosa es poder ejercitar realmente ese derecho, es decir, cazar, tener un lugar para cazar, tener una escopeta para hacerlo y que existan piezas de caza para cazarlas.

Las leyes solo reconocen el derecho a cazar, es decir a obtener la licencia de caza, nada más. Algo parecido nos pasa con el carné de conducir: tenemos derecho a conducir coches y, por tanto, tenemos derecho a sacarnos el carné de conducir, pero no tenemos derecho a que el Estado o las Administraciones públicas nos compren un coche, ni siquiera aunque lo necesitemos para “trabajar”.

El derecho de caza.

Dicen casi todas las leyes de caza que el derecho a cazar corresponde a toda persona mayor de 14 años que haya cumplido los requisitos establecidos a tal efecto. Esto es, el derecho se reconoce no solo por cumplir 14 años, no, además de eso ha de reunir ciertos requisitos, entre los cuales se encuentra la obtención de una licencia de caza. De manera que el derecho se obtiene plenamente cuando se dan estos dos elementos: 14 años, más licencia de caza; si falta uno de los dos, ya no se tiene ese derecho.

El ejercicio del derecho de caza.

Ya tenemos reconocido el derecho a cazar, lo que es tanto como decir que ya tenemos la licencia de caza en nuestro bolsillo.

Así, ¿tenemos ahora también derecho a exigir (a quien corresponda) que nos facilite un lugar (un acotado) para ejercer el derecho a cazar que ya tenemos reconocido? Más aún y puesto que tener un lugar no es suficiente, ¿tenemos derecho a exigir que en ese lugar (acotado) haya piezas de caza a las que poder cazar? No, de ninguna manera. Sencillamente porque el derecho a cazar no es un derecho fundamental, como puede ser el derecho a la vida o a la intimidad personal, etc.

Estamos, sí, en posesión del derecho a cazar, pero –como suele decirse- ahora tenemos que buscarnos la vida por nuestra cuenta, pues en lugar alguno del ordenamiento jurídico se dice que el Estado, las Comunidades Autónomas o las Administraciones públicas competentes tengan la obligación de facilitarnos un lugar para cazar, y como no tienen esa obligación, nosotros tampoco tenemos el derecho a exigírselo. Entonces, ¿qué derecho tenemos?

Qué podemos exigir a los poderes públicos.

Después de lo dicho, parece claro que los que poseemos una licencia de caza lo único a lo que tenemos derecho y podemos exigir es:

  • Que ni la Administración ni otros particulares perturben el ejercicio de nuestro derecho a cazar, es decir, que podamos cazar pacífica y tranquilamente de acuerdo, eso sí, con lo que diga la ley.
  • Que se creen o se mantengan las condiciones para que podamos cazar. No sería lícito, por ejemplo, que la Administración dijera sí, tienes derecho, pero prohíbo los cotos, o prohíbo que se cacen las piezas de caza, o solo puedes cazar con escopetas cuyo tiro salga por la culata, o patos en alta montaña, o venados en aguas internacionales, etc.

En resumen, si cumplimos determinados requisitos tenemos derecho a cazar y a exigir a la Administración que no haga imposible el ejercicio de ese derecho, pero nada más.

Bienvenidos

Bueno, amigos, estoy desconocido: me voy a incorporar a las nuevas tecnologías y, especialmente, a los nuevos medios y métodos de comunicación. Así que aquí me tenéis dándoos mi parecer acerca de la caza y del medio natural, acerca de lo que dicen las leyes sobre la flora, la fauna y los espacios naturales, protegidos o no. También, como en el teatro, meteré alguna que otra morcilla, al ser posible picante y de Burgos.

Será mi opinión, libre desde luego, y pretendo que, además, esté bien fundada, “o no”, que diría el señor Presidente.

¿Qué de qué pretendo opinar? Pues de lo humano y hasta de lo divino, si es que sé algo, que creo que no, “o sí”. Hablaré o, mejor dicho, escribiré, acerca de asuntos, temas o cuestiones como los siguientes:

  • De la caza, la ética y la hipocresía, terreno controvertido del que espero salir bien librado, “o no”.
  • Del porqué 17 leyes de caza, que no sirven más que para desquiciar a los cazadores y demás afectados y para ver qué político mea más lejos.
  • Del para qué 17 tipos de Guardas de Caza diferentes, que sirven para lo mismo.
  • De los cazadores, las cazadoras y los “cazadoros”, a que se refieren leyes de caza como la andaluza y la gallega.
  • Del porqué qué es mejor alicatar hasta el techo el nido de las especies protegidas, si no queremos que éstas emigren a mejores viviendas, al ser posible en el extranjero. O sea, proteger, sí, pero pagando.
  • Acerca de si se puede o no se puede cazar con el 22.
  • Sobre los políticos y la caza, o sea, chau, chau, chau-jai, jai, jai-guau, guau, guau.
  • Y respecto a las mascotas y los sombreros flexibles, que dicen en algunos lugares.

Y, bueno, ya irán saliendo otros temas que puedan ser de interés para nuestros lectores. De momento y para abril boca: CAZA, ÉTICA E HIPOCRESÍA y que Dios me pille confesado, que no.

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